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Hacia un ecosistema de innovación en México

De 2013 a 2015, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) otorgó 295 patentes, donde solo uno por ciento ha sido comercializada. Esta situación exhibe la necesidad de vinculación entre el sector académico, científico e industrial. Así lo expuso en su ponencia Por qué el sector productivo debe incrementar su inversión en innovación, el doctor Pedro Hugo Hernández Tejeda, durante el IV Seminario Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación.

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La cooperación y el apoyo de políticas públicas que fomenten, en mayor medida, la vinculación con la industria será un factor determinante si es que se quiere lograr un verdadero crecimiento en el país, aseguró el doctor Hernández Tejeda, director general de la Dirección de Innovación y Transferencia de Conocimiento de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

“Para lograr la riqueza anhelada debemos tener un país competitivo que cultive la investigación en todas las áreas y que dé pie a la innovación, definida como la capacidad de crear nuevos productos y diseños en el sector industrial y tecnológico”.

Hernández Tejeda destacó que de acuerdo con información del propio Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), así como de otros organismos e instituciones como la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en México solo cuatro millones de personas, entre profesionistas y técnicos, se dedican a actividades de ciencia y tecnología, sin que esto implique que su desempeño esté orientado a la solución de problemas específicos.

Científicos en empresas

El funcionario e investigador de la BUAP expuso que los modelos de generación de capital humano, orientados al desarrollo de la ciencia y la tecnología, deben contemplar el cambio de paradigmas para que los centros de investigación —que están dentro de la academia— no concentren a la mayoría de la población de investigadores en México, a fin de que las empresas y la industria en general puedan ser receptáculo del conocimiento e innovación que generen, de manera directa.

“El sistema de formación de recursos humanos en México, a diferencia de otros sistemas como el estadounidense, se concentra en formar gente para retroalimentar al propio sistema, cuando en otros países 80 por ciento de estos recursos se van al sector industrial, productivo y de salud, mientras que 20 por ciento restante se queda en las instituciones para continuar con la capacidad de generación de recursos humanos”.

Mencionó, por ejemplo, que a nivel de doctorado, las ciencias agropecuarias solo alcanzan dos por ciento de graduados anualmente, a pesar de la enorme dependencia alimentaria que tiene México, sobre todo con Estados Unidos, y de la urgencia de capital humano capacitado que requiere el área, situación que, aseguró, traerá consecuencias negativas a mediano y largo plazo.

Recordó que desde 1984 se da una evaluación de la investigación en nuestro país por parte del Conacyt, creando incluso el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). En ese sentido, destacó que las investigaciones de las áreas de ciencias naturales, exactas y salud tienen mayor impacto de acuerdo con parámetros del propio SNI, a pesar de que su producción no es tan alta como se esperaría.

La innovación reflejada en las patentes

Otro parámetro más de análisis es la producción de artículos científicos, pero también el número de innovaciones que quedan registradas ante el IMPI. En la BUAP, indicó el ponente, se inició un programa para proteger las patentes, aunque reconoció que el paso a la comercialización no se da y eso, dijo, no es culpa de los científicos.

“Si nos comparamos con EE. UU, Rusia, Japón, Alemania y Francia, veremos que la producción de artículos científicos de esos países oscila entre 11 y 23 por ciento, mientras que México alcanza una participación de 0.58 por ciento, y aunque en los últimos cinco años ha incrementado el número de investigadores del SNI, la producción científica no es muy alta”.

Lo anterior se vincula con el hecho de que en México se gradúan al año tres mil 800 doctores, mientras que en Estados Unidos egresan de ese nivel alrededor de 48 mil personas, aspecto que impacta en la producción de artículos indizados.

De esta forma, la protección a los desarrollos y descubrimientos por parte de la comunidad científica en México requiere del apoyo de patentes no solo como una forma de resguardar la propiedad intelectual, sino como un acercamiento más a la comercialización de sus ideas.

Para el doctor Hernández Tejeda, los países que han registrado mayores avances y crecimiento son aquellos que han logrado construir un ecosistema de innovación, científica y tecnológica, a través de una estrecha coordinación entre instituciones de educación superior, gobierno y empresas.

Fuente: CONACYT.

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