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Estudian conductas antisociales en adolescentes

Francisco Javier Pedroza Cabrera, catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), llevó a cabo una investigación social longitudinal para evaluar durante un periodo de tres años a adolescentes en riesgo de desarrollar un comportamiento antisocial, esto, para comprobar la hipótesis de que el proceso de interacción social alienta este tipo de conducta en la etapa de la adolescencia. Para el estudio, contó con financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

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Al respecto, describió el trabajo realizado en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt: “Identificábamos en las secundarias, principalmente en secundarias públicas, adolescentes en riesgo de comportamiento antisocial. Los identificábamos con ciertos instrumentos de conducta antisocial. En una primera fase, este tipo de instrumento se aplicaba a todos los alumnos adolescentes de la secundaria; fueron tres secundarias las que estuvimos trabajando: dos urbanas y una rural”.

Para identificar a quienes están en riesgo de desarrollar un comportamiento antisocial, se hizo una valoración de los grupos a partir del reporte obtenido de los cuestionarios hechos a compañeros de clases; el análisis de las respuestas permitió reconocer a los adolescentes en riesgo de incurrir en comportamientos agresivos o consumo de sustancias adictivas, siendo una forma objetiva de poder identificarlos.

“Una vez identificados los adolescentes, evaluábamos los mapas sociocognitivos compuestos y los procesos de interacción social a partir de observación directa. Nosotros lo que hacíamos era: al niño, junto con sus padres, los poníamos a interactuar en una situación normal en casa o en la escuela, y todo esto se videogrababa”, señaló.

A partir de las videograbaciones, se realizó un análisis de los procesos de interacción social cada seis meses con los adolescentes. Como el estudio se hizo a lo largo de tres años, la muerte experimental se fue dando: la muestra inició con 30 niños con riesgo y 30 controles, es decir, con menor riesgo de generar un comportamiento agresivo, y al final quedaron aproximadamente 10 antisociales y sus controles.

“Pudimos darnos cuenta de cómo el proceso de interacción social se seguía manteniendo en los adolescentes en riesgo, incluso se incrementaba la problemática, y cómo este proceso protegía de comportamientos antisociales a los niños no problemáticos, y también observábamos claramente que las redes sociales al interior de los grupos se mantenían: el niño que consume sustancias adictivas o que se comporta de manera antisocial, mantiene una red de niños que también se comporta de manera similar, entonces la misma está retroalimentando el comportamiento inadecuado de los niños y lo está fortaleciendo”, apuntó Pedroza Cabrera.

Conductas agresivas y bullying

Se observó que en las escuelas no son cuidadosos con los menores en riesgo de comportamiento antisocial, pues lo primero que hacen es expulsarlos, se deshacen del problema en la escuela, pero este sigue en la comunidad. A la par, surgió otro proyecto de investigación para el estudio del bullying, partiendo de la identificación de niños con comportamiento agresivo.

“Esto fue muy interesante porque llegó un momento en que cualquier conducta dentro de la escuela que tuviera características de agresión era clasificada como bullying (acoso escolar), entonces era una falta de conceptualización importante. Justamente a partir de estas identificaciones que realizamos en el aula identificamos niños bullying, niños agresivos que no son niños bullying, niños bullying que tienen víctimas focalizadas, y aparte identificamos niños que te presentan comportamiento antisocial, es decir bullying, pero también presentan conductas prosociales, lo que identificamos como bystanders, manifestaban dos facetas: en unas situaciones se comportaban muy bien, y en otras situaciones se comportaban de manera inadecuada”, destacó.

Finalmente, el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) dijo que a partir de estos estudios se ha diseñado una estrategia con base en instrumentos psicométricos y de observación directa para la identificación de conductas antisociales en escolares, así como programas de intervención para bullying y para las víctimas del acoso escolar.

Fuente: CONACYT.

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