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Científicos, autoridades y ciudadanos por el desarrollo sostenible de zonas áridas

La Red Internacional para la Sostenibilidad de las Zonas Áridas (RISZA), red temática del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), conjuga la participación comunitaria, científica y gubernamental en acciones y programas de desarrollo sostenible.

5 Zonas aridas

De su modelo incluyente de trabajo, se deriva que la red esté integrada en 50 por ciento por investigadores, estudiantes y actores del sector académico, y el otro 50 por ciento por autoridades gubernamentales, organizaciones y sociedad civil.

Además de organizar la participación de actores involucrados en la conservación de zonas áridas, la red RISZA —formalizada apenas este año— está en busca de la obtención de recursos nacionales e internacionales para el desarrollo de investigación inter y transdisciplinaria, con la colaboración de especialistas como ecólogos, hidrólogos, geólogos, sociólogos y antropólogos.

Colaboración inter y transdisciplinaria

Las zonas áridas abarcan casi la mitad del territorio a nivel nacional y del planeta, pero su funcionamiento e importancia por los bienes y servicios ecosistémicos que prestan no son conocidos a fondo, afirmó la doctora Elisabeth Huber-Sannwald, investigadora de la División de Ciencias Ambientales del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt) y responsable técnico de la red RISZA.

Expuso que una zona árida se define por un índice de aridez que evidencia que existe más evaporación que precipitación y, dentro del rango de esta relación, se establece si una zona es hiperárida, árida, semiárida o subhúmeda.

Cambio climático, desertificación y pérdida de biodiversidad están afectando las zonas áridas y causan fluctuaciones altas en el clima, que van de eventos extremos de lluvias y periodos prolongados de sequía, hasta la pérdida de la cobertura vegetal y erosión del suelo, mismos que son examinados por la red.

“Las zonas áridas se caracterizan por una enorme riqueza de especies de todos los niveles, desde microorganismos en el suelo hasta mamíferos, y también por una enorme diversidad cultural porque hay muchos grupos indígenas, particularmente en México, que habitan en estas zonas”, destacó la investigadora.

Apuntó que el trabajo de la red se concentra en conocer, conservar y proteger esa riqueza biocultural y la biodiversidad de las zonas áridas, esfuerzos que implican la colaboración de instituciones académicas e investigadores de diversas disciplinas y de los sectores de la sociedad civil y gubernamental.

“Formamos una alianza que nos permite abordar la problemática, conservar y estudiar esa riqueza de tierra y de vida pero también pensando en los objetivos de desarrollo sostenible para el futuro”, enfatizó.

El trabajo transdisciplinario de la red conlleva también la implementación de nuevos modelos conceptuales que no podrían abordarse por cada disciplina en lo individual, para lo que los integrantes de RISZA buscan novedosos esquemas de colaboración que involucren todos los sectores.

Una red incluyente e internacional

Son alrededor de 250 miembros quienes integran actualmente la red y logran cubrir una amplia gama de disciplinas, tanto de ciencias sociales como de ciencias naturales, además de una variedad de categorías, tales como investigadores, estudiantes, posdoctorados e investigadores adscritos al programa Cátedras Conacyt.

Además de México, en la red RISZA están representados países como Francia, Brasil, Argentina, Perú, Chile, Estados Unidos, Australia, Marruecos y otros países de África.

La doctora Elisabeth Huber-Sannwald precisó que aunado al sector científico, la red tiene representantes gubernamentales de dependencias como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), la Comisión Nacional de Zonas Áridas (Conaza) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Autoridades de los tres niveles de gobierno participan en la integración de la red, como también lo hacen organizaciones no gubernamentales con una amplia trayectoria en programas de conservación y desarrollo, tal es el caso de Pronatura.

“La red es incluyente, queremos que participe la sociedad civil. En la red tratamos de generar conocimiento nuevo en conjunto, lo que implica que colaboramos e intercambiamos conocimiento científico, ambiental, local, indígena, técnico, que incluye las necesidades de las comunidades de las zonas áridas en México pero también a nivel internacional”, subrayó la responsable técnico de la red.

Intermediario científico: conocimiento en dos vías

Para la doctora Ileana Espejel Carbajal, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y miembro del Comité Técnico Académico (CTA) de la red RISZA, el contacto de especialistas del sector académico con representantes de las poblaciones asentadas en zonas áridas hace la diferencia en el impacto que tendrán los proyectos de la red.

Aclaró que los proyectos con los que iniciará labores RISZA todavía no están definidos, pero en una primera reunión se contempló la creación de un observatorio que tenga a las comunidades del campo como vía de comunicación para conocer nuevos problemas que están surgiendo en zonas áridas.

Ejemplificó con el caso de Argentina, que se destaca por un observatorio de la desertificación, en el que próximamente incluirán buenas prácticas que son el resultado de años de colaboración entre científicos y la gente que trabaja en las tierras secas de ese país.

“Con el cambio climático están emergiendo cosas desconocidas y entonces queremos ligar a la gente del campo con los investigadores; los observatorios incluyen plataformas de Internet que conectan a la gente con un científico y con esto se favorece una figura nueva que se llama el intermediario científico”, mencionó.

Adelantó que la propuesta contempla que especialistas dedicados a la comunicación de la ciencia se capaciten para traducir el conocimiento del investigador para la gente y que lleve el conocimiento del campo al científico.

“El intermediario científico es esta función que está descubriéndose y se está dando un papel muy importante a la comunicación de la ciencia”, indicó la investigadora de la UABC.

Mecanismos de colaboración, el reto

Generar una estructura operativa para la red con la que se mantengan en contacto y comunicación todos los miembros, es el reto al que se enfrenta tras su reciente formalización.

La doctora Elisabeth Huber-Sannwald, fundadora de la red RISZA, señaló que por ahora las labores se concentran en el diseño de un mecanismo para vincular a los integrantes de la red, crear oportunidades de colaboración entre ellos y formar subgrupos que contribuyan a los objetivos de la red en cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

“El reto es que a largo plazo se concreten proyectos que sirvan y apoyen a las comunidades, que las comunidades de las zonas áridas tomen acciones y decisiones que las apoyen económicamente pero que también sea favorable para la tierra, porque es ella la que sostiene la vida, no solamente en las zonas áridas sino en todo el planeta”, concluyó.

Fuente: CONACYT.

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