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Verano de investigación, una oportunidad para motivar vocaciones científicas

En 1990, bajo la dirección del investigador Saúl Villa Treviño, se llevó a cabo el primer Verano de Investigación Científica de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), iniciativa que durante 27 años ha contribuido a fomentar en estudiantes de licenciatura el interés por la actividad científica.

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El Verano de Investigación Científica de la Academia Mexicana de Ciencias inició como una semana de investigación, que consistió en una serie de conferencias impartidas por connotados investigadores en diferentes universidades del país. Un año más tarde, en 1991, se realizó la primera edición del programa.

El Verano de Investigación Científica se realiza en un periodo de siete semanas, tiempo en el que los universitarios participan en proyectos de investigación bajo la asesoría de destacados especialistas de diferentes instituciones, esto con la idea de motivar en los participantes el interés por la actividad científica en cualquiera de las siguientes áreas: ciencias biológicas, biomédicas, químicas, ciencias sociales, humanidades, ingeniería o tecnología.

A decir del doctor Víctor Pérez Abreu, director del programa de la AMC e investigador del Centro de Investigación en Matemáticas (Cimat), esta iniciativa cuenta con un padrón de más de cuatro mil investigadores que están dispuestos en participar como asesores, muchos de ellos pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y también al programa Cátedras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Casos de éxito

Actualmente la AMC realiza un estudio de seguimiento para conocer el impacto que ha tenido el programa Verano de Investigación Científica. “Tenemos estudios preliminares, testimonios de los alumnos y todo apunta que ha sido un programa que ha ayudado a que los alumnos se inicien en la investigación”, indicó el doctor Víctor Pérez Abreu.

De acuerdo con información de la AMC, 67 por ciento de los jóvenes que han sido becados en el Verano de Investigación Científica encuestados entre 2000 y 2016 realiza o ha realizado estudios de posgrado, de ellos, 80 dijeron que participar en el programa incidió en su decisión para elegir posgrado.

Un caso particular es el de la doctora Liliana Pardo López quien, durante sus estudios de licenciatura y aun sin una vocación científica, participó en el programa.

“En el cuarto semestre de la licenciatura me enteré que la Academia Mexicana de Ciencias tenía el programa Verano Científico para convivir con un investigador. Para mí fue una puerta hacia mi carrera científica: fue fascinante saber que podía manipular el ADN de humanos, animales, de bacterias y una gran oportunidad para darme cuenta que en México podría realizar ese tipo de investigación”, reveló.

Hoy, la doctora Liliana Pardo encabeza un grupo de investigadores del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que realiza estudios metagenómicos para identificar bacterias degradadoras de hidrocarburos en el golfo de México.

Un programa que crece cada vez más

En su inicio, el programa contó con la participación de 99 estudiantes de nivel medio superior. Este año, en su edición número XXVII, el Verano de Investigación recibió dos mil 15 solicitudes, de las cuales mil 424 fueron aceptadas; de esta cifra, 893 fueron beneficiarios de una de las becas, las cuales son posibles gracias al apoyo que dan a este programa de la AMC: Secretaría de Educación Pública (SEP), Conacyt, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), El Colegio de México (Colmex) y el Instituto Científico Pfizer.

Por primera vez en 27 años, en su última edición el programa tuvo una participación preponderante de mujeres. De acuerdo con Víctor Pérez Abreu, 60 por ciento de los participantes fue del género femenino.

Desde hace varios años, el instituto Pfizer formó una alianza con la Academia Mexicana de Ciencias para apoyar la investigación científica en el país a través del otorgamiento de becas a estudiantes que han sido aceptados en el programa Verano Científico, para que se realice investigación en temas y tópicos que son importantes para el país, específicamente en el área de las ciencias de la salud.

“Ha sido satisfactorio para Pfizer apoyar esta iniciativa, vale la pena que otros integrantes de la comunidad privada apoyen otros programas ya que esto representa un beneficio para el país, al generar grupos de potenciales investigadores. Finalmente, lo importante es incentivar la investigación científica en México y el Verano de Investigación es un excelente mecanismo”, expresó Juan Carlos Molina, director del Instituto Científico Pfizer.

El doctor Víctor Pérez Abreu destacó que el programa “es una manera de estimular a las nuevas generaciones para que vivan de cerca el quehacer científico, que va a influir positivamente en la vida profesional de los jóvenes que participan, y en algunos casos va a sembrar el interés de dedicarse a la ciencia en tiempo completo o de manera complementaria”.

Lya Sahian Méndez Aguilar, estudiante de la licenciatura de medicina y cirugía de la Universidad Veracruzana (UV), es ejemplo de ello: por dos años consecutivos ha experimentado trabajar con investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), ahí se interesó por el quehacer científico. El primer año se inclinó por un proyecto de ciencia básica, mientras que para el segundo optó por la investigación clínica.

“Yo no sabía que como médicos podíamos hacer investigación. Me enteré del programa Verano de Investigación Científica en el quinto semestre de licenciatura, tuve la fortuna de que me aceptaran. La investigación básica y clínica es muy diferente, para mí es muy interesante interactuar con los pacientes pero al mismo tiempo hacer investigación, en un futuro quiero hacer esto”, compartió.

Becada por el Instituto Científico Pfizer, Sahian Méndez Aguilar reconoce que una de las mejores experiencias de participar en este tipo de programas es la interacción con investigadores y estudiantes de otras universidades del país, “ver a personas que son muy buenas inspira a querer ser como ellos”, expresó.

¿Cómo formar parte del programa?

Para formar parte del Verano de Investigación Científica, los jóvenes interesados deben cumplir con 75 por ciento de los créditos universitarios, escribir un ensayo argumentativo sobre su interés por participar en el programa, así como tener un promedio superior a ocho, por ejemplo.

De acuerdo con Víctor Pérez Abreu, la selección de los becarios es muy rigurosa. “Muchos jóvenes se dan por vencidos y no terminan el proceso, esto nos permite hacer una evaluación de los becarios. Es un procedimiento que cubre estándares internacionales, es un instrumento similar al que existe en otros programas de verano”, concluyó.

Fuente: CONACYT.

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