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Prueba sanguínea para diagnóstico oportuno de cáncer de mama

Ya pasaron casi tres años y medio, pero Aurora López Zepeda tiene todavía muy presente el 17 de noviembre de 2014, fecha en la que durante una autoexploración mamaria detectó un pequeño bulto en su seno izquierdo y esto le cambió la vida.

Con antecedentes de cáncer de mama en su abuela y una tía materna, desde muy joven había adquirido la costumbre de revisarse periódicamente.

Tras comentar la situación primero con su esposo y después con su madre, Aurora decidió visitar a su ginecóloga, quien al palparla físicamente dijo que no parecía un tumor maligno, pero ordenó un ultrasonido. Por la tardanza que implicaba esperar el estudio por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), sus familiares la motivaron a realizarlo en un laboratorio privado.

La expresión facial del médico que la atendió y el tipo de preguntas que le hizo despertaron en ella sospechas de que algo estaba mal, pero él rehusó aclarar sus dudas. Más tarde, al recoger los resultados, abrió el sobre y casi entró en shock al corroborar las altas probabilidades de que fuera un tumor maligno.

Licenciada en comunicación por la Universidad de Colima, a sus 37 años de edad Aurora López laboraba entonces en el área de Relaciones Públicas de un colegio particular. Junto con su esposo, de profesión arquitecto, se había sometido en los años previos a tratamientos de fertilidad para intentar embarazarse, pues la única vez que lo lograron perdieron al bebé. Pero la llegada del cáncer se convirtió en el reto prioritario para la pareja.

Después de revisar el informe del ultrasonido mamario, la ginecóloga del IMSS canalizó a Aurora con el oncólogo, quien determinó la necesidad de practicarle una biopsia, pero debido a la saturación de la agenda en esa institución, tendrían que pasar al menos cuatro meses para que el procedimiento se llevara a cabo.

Sin estar dispuesta a esperar, nuevamente recurrió a un laboratorio particular. Posteriormente, tras confirmar el diagnóstico de un cáncer hormonal tipo II, logró un espacio para ser intervenida quirúrgicamente con rapidez en una clínica del Seguro Social, donde se le realizó una mastectomía radical, que implica el retiro de la mama completa.

En enero de 2015, ante la premura del caso, consiguió que el Instituto Estatal de Cancerología le proporcionara el tratamiento de quimioterapia, que duró seis meses. Los estudios siguientes revelaron la ausencia de células malignas en su organismo. Aunque todavía no ha sido dada de alta, ya se encuentra libre de la enfermedad y, como parte de su seguimiento médico, todos los días toma una pastilla que le fue prescrita por un lapso de cinco años.

A diferencia de miles de mujeres, y algunos hombres, que mueren cada año en México víctimas del cáncer de mama, Aurora López es una sobreviviente. Ella lo atribuye a diversos factores, entre estos haber tenido la cultura de la autoexploración, no esperar para acudir al médico, buscar opciones de agilización del diagnóstico y tratamiento, así como contar con el apoyo de su esposo, demás familiares y amigos, lo que le permitió enfrentar la situación con fe y fortaleza emocional.

Durante los últimos años, de acuerdo con cifras oficiales, la incidencia de muertes por cáncer de mama registró un aumento en el país. Un documento dado a conocer en febrero de este año por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestra que en el periodo de 2011 a 2016 la tasa de mortalidad creció de 13.92 a 16.12 casos por cada cien mil mujeres de 20 años y más, en tanto que en lo relativo a los varones la alza fue de 0.11 a 0.12.

En lo que se refiere al segmento de la población de 30 a 59 años, en el mismo periodo, la tasa de mortalidad en México se incrementó de 12.96 a 14.36 casos por cada cien mil mujeres, y se mantuvo en 0.07 casos en los hombres. Sin embargo, la proporción y el crecimiento más alto de la enfermedad se registró entre las mujeres de 60 años y más, con una evolución de 41.85 a 46.66 casos en ese lapso, mientras que en los hombres de ese mismo grupo de edad se elevó de 0.45 a 0.48.

Conforme al documento del Inegi, “a nivel mundial, el cáncer de mama es el más común entre las mujeres y representa 16 por ciento de los tumores malignos diagnosticados”, además de que “otro dato relevante es que 69 por ciento del total de muertes por esta enfermedad se presenta en países en desarrollo, donde la mayoría de los casos se diagnostica en fases avanzadas, dificultando su tratamiento exitoso”.

Aunque México no cuenta todavía con un registro nacional de cáncer, diversas fuentes estiman que en la actualidad hay en el país 20 mil nuevos casos de cáncer de mama cada año, comenta el jefe del Departamento de Tumores Mamarios del Instituto Nacional de Cancerología (Incan), Juan Enrique Bargalló Rocha.

En entrevista, refiere que a nivel internacional en todas las regiones del mundo se ha incrementado el número de casos nuevos de cáncer de mama, pero en los países desarrollados el aumento anual es de 1.5 por ciento y en países con economías emergentes como México es prácticamente cuatro veces más.

“No quiere decir que en estos últimos necesariamente se está haciendo algo mal; la razón fundamental es porque tenemos una muy mala estadística, no tenemos un registro nacional de cáncer, se está construyendo ahora, se está implementando el programa nacional de prevención y control de cáncer, entonces nuestros números los tomamos de diferentes fuentes de información, pero se acercan a la realidad”, expone Bargalló Rocha.

Con el propósito de ofrecer una opción frente a la problemática del cáncer de mama, el fisiólogo Ricardo Antonio Navarro Polanco coordina desde la Universidad de Colima (Ucol) un proyecto de investigación científica encaminado a establecer mecanismos de detección anticipada de esa enfermedad, lo que contribuiría a lograr una mayor efectividad en los tratamientos y a disminuir la incidencia de la mortalidad por esa causa.

Integrante del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas (CUIB) de la casa de estudios, el investigador se muestra optimista ante los hallazgos realizados hasta ahora en torno a las reacciones de las células cancerosas frente a un tipo de proteínas conocidas como canales iónicos.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Navarro Polanco estima que este proyecto abriría la posibilidad de detectar, mediante una simple prueba sanguínea, el inicio de un proceso de cáncer de mama, aun antes de que esto sea visible a través de los estudios tradicionales actuales, como la mastografía.

Explica: “Es algo muy parecido a lo que pasa con el diagnóstico del antígeno prostático: si logramos saber mediante una muestra de sangre o de tejido que hay un incremento anormal de cierta proteína, esto nos va a decir que ya empezó un proceso (…) A lo mejor todavía no vemos en la mamografía una masa bien definida, a lo mejor todavía no lo sentimos, pero podemos atacarlo con mucha antelación”.

Investigación multidisciplinaria

Puesto en marcha hace año y medio y programado para ser concluido en 2019, el proyecto de investigación obtuvo financiamiento por cuatro millones de pesos por parte del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), dentro de la convocatoria Fronteras de la Ciencia, donde se consideran los asuntos que pueden tener una aplicación en el corto plazo.

Se trata de una investigación multidisciplinaria cuyo responsable es Ricardo Navarro Polanco, con la colaboración de biólogos moleculares, especialistas en cuestiones electrofisiológicas y científicos de otras áreas, así como tres estudiantes de doctorado y tres de licenciatura, que realizan sus tesis en torno a diversos aspectos del proyecto.

“Ahora estamos todavía a nivel de laboratorio, pero la idea es que en un segundo momento tenemos que corroborar si lo que encontramos en el laboratorio también ocurre en las personas; en este caso está involucrado un centro hospitalario de la Ciudad de México porque son muchos los pacientes y es más fácil obtener las muestras”, precisa Navarro Polanco, quien es miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Entre los diferentes tipos de cáncer de mama, refiere el académico, fue elegido para la investigación el que se conoce como triple negativo, considerado el más agresivo, que representa alrededor de 20 por ciento de los casos, por lo general ataca a mujeres jóvenes y es el que más reincidencia tiene, pues después de que las personas afectadas han seguido el tratamiento y aparentemente vencieron la enfermedad, esta suele reaparecer con el paso de los años.

“Es el más letal de los cánceres de mama, por esa razón es que nos interesó mucho estudiarlo, más aún cuando revisamos la literatura respecto a la información que se tiene sobre este cáncer en la línea que estamos abordando y nos dimos cuenta de que realmente hay muy poco”, comenta.

En el marco de la actual investigación juegan un papel muy importante los canales iónicos, un tipo de proteínas generadoras de las señales eléctricas que regulan la actividad celular en todos los seres vivos, a cuyo estudio el fisiólogo Ricardo Navarro Polanco ha dedicado sus casi 30 años de vida académica.

Los canales iónicos son muy importantes, subraya Navarro Polanco, pues están involucrados en todos los aspectos de la actividad celular y cuando no funcionan adecuadamente pueden generar múltiples patologías, síntomas diversos dentro de una línea muy grande, un campo nuevo que se llama canalopatías, esto es, enfermedades que se derivan de la disfuncionalidad de estas proteínas.

A lo largo de la etapa experimental de la investigación, se ha provocado la interacción de varios tipos de canales iónicos con cultivos de células sanas y cancerosas —estas últimas en sus diferentes estadios— con el propósito de evaluar las reacciones en cada uno de los casos.

“Lo que encontramos a mí me sorprendió, porque es muy dramática la desregulación, esto es, una célula cancerosa cambia totalmente la expresión de estas proteínas desde el primer momento, pero hubo resultados en los dos sentidos: hay canales que con el cáncer incrementan su expresión, lo que significa que a la célula cancerosa de alguna manera le gustan esos canales, le gusta tenerlos para alguna cosa, ¿cuál?, no sabemos todavía, pero ahí se desarrolla. Hay otros en los que pasa todo lo contrario, la célula no quiere tener la presencia de esos canales para nada, entonces suprime totalmente su presencia, y también hay canales que no cambian, hay de todo, esos uno supone que no están involucrados en nada”.

De manera especial, dice el investigador, frente a las células cancerosas un canal se incrementó hasta 15 mil 800 veces en relación con las células sanas, lo que “nos interesó porque quiere decir que hay una relación directa entre la cantidad de proteínas de este canal en zonas cancerosas y conforme se malignizan las células este se incrementa cada vez más, a la vez que hay otros canales que se inhiben hasta 800 veces menos, lo que significa que no los quiere la célula cancerosa”.

Ante lo anterior, decidieron estudiar los canales que se sobreexpresan y los que van a la baja, pues si bien casi todo mundo trabaja con los primeros, “a mí también me llaman la atención los que las células cancerosas no quieren tener, pues podrían ser reguladores para que la célula no sea cancerosa, podrían ser sus ‘enemigos’ y esto sería clave para el desarrollo de un tratamiento”.

Navarro Polanco explica que en condiciones normales las células se dividen una vez para reemplazar a las que se van perdiendo, como es el caso de la piel que constantemente se desgasta por estar expuesta y en sus capas inferiores hay células regenerándola, pero en el caso del cáncer las células pierden el control de únicamente reparar un daño y siguen dividiéndose, haciendo crecer masas celulares conocidas como tumores.

“Hay algunos tumores, calificados normalmente como benignos, que crecen y crecen y pueden hacerse muy grandes, pesar kilos, en un mismo lugar, pero en el caso del cáncer, los tumores siempre invaden otros tejidos, no se quedan creciendo en un solo sitio, sino que invaden el tejido vecino (…) Por ejemplo, el cáncer de mama invade los pulmones, el cerebro, los huesos, y esa es la parte más grave de la patología, es la que más daño causa, se le llama proceso metastásico”.

Aunque hasta ahora los avances de la investigación resultan alentadores, Ricardo Navarro Polanco advierte que todavía falta hacer estudios para ver si se produce la misma reacción en los pacientes, por lo que “todavía hay camino por andar, no quiere decir que el día de mañana ya estará listo un tratamiento”.

La idea, señala, es desarrollar métodos más eficientes y menos invasivos para la detección anticipada del cáncer de mama. “Por eso hasta ahora hemos centrado nuestra atención en el primer estadio, porque hay posibilidades de detectarlo de una manera muy temprana, antes de que tengamos un proceso de cáncer avanzado, pues es muy claro que resulta fundamental un diagnóstico oportuno”.

Lo anterior contribuiría a reducir la mortalidad por cáncer de mama, que “es la finalidad última; si tú haces detecciones a tiempo, hoy mismo con las terapias existentes hay más posibilidades de curación, de poder terminar el proceso canceroso; el problema es cuando la detección se hace en estadios avanzados, pues entonces las posibilidades de sobrevivir disminuyen drásticamente”.

Navarro Polanco expone que este proyecto de investigación debe ser finiquitado el próximo año, con la presentación de los resultados al Conacyt, para ver si lo convencen de otorgar financiamiento para otras etapas, porque “hoy la ciencia es así y desafortunadamente nuestra universidad no tiene programas de apoyo al desarrollo científico; nos da instalaciones, nos da un salario, pero nada más”.

Recuerda que hasta hace cinco o seis años, en la Universidad de Colima se destinaba un fondo para apoyar diversas áreas de la ciencia a través de proyectos que se evaluaban, “pero esto se acabó y ahorita dependemos de los recursos que aporte el Conacyt, de donde se entregan becas a estudiantes de licenciatura, estancias de investigación de alumnos de doctorado, así como materiales y reactivos que se requieren para la investigación”.

Prevención y detección oportuna

El doctor Juan Enrique Bargalló Rocha manifiesta que en materia de detección de cáncer de mama, en México se ha trabajado mucho en términos de cobertura de mamografías, que “es una columna vertebral muy importante cuando hablamos de diagnóstico oportuno”.

En los últimos años, añade, se ha ido incrementando la cobertura, “todo depende con quién nos queremos comparar, si es con países como Suecia que tienen cobertura de más de 90 por ciento, entonces estamos muy mal, pero prácticamente se ha ido duplicando en todo el sector salud y creo que eso es de lo que también tenemos que hablar. De acuerdo con la Secretaría de Salud, la cobertura va por arriba de 20 por ciento en mamografías, que no es la única acción en detección oportuna”.

Aunado a lo anterior, el especialista del Incan señala que hay varias estrategias en las que participan instancias gubernamentales, privadas y organizaciones sociales que trabajan en conjunto no solo para hablar de detección temprana, que sin duda es muy importante, sino de atención oportuna, porque no solo es cuestión de detectarlo a tiempo, sino de empezar a tratarlo rápidamente.

Bargalló Rocha subraya que si además de tratar el cáncer de manera oportuna hay una mayor precisión en el tipo de tumor, se podrá dar el tratamiento más adecuado y efectivo, porque la enfermedad cada vez es más compleja y ahora también empieza a jugar un papel muy importante la efectividad.

“Cuando hablamos de cáncer tenemos que empezar a hablar de prevención primaria, esto es, cómo disminuir los factores de riesgo para desarrollar la enfermedad, no nada más encontrarla. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y México se han sumado en la acción de prevención del cáncer porque se dice que una de cada tres personas puede modificar su estilo de vida para disminuir el riesgo de contraer esta enfermedad”.

Frente a una realidad en la que el cáncer en general es la tercera causa de muerte en el país y el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en la mujer, se están tomando acciones en diferentes niveles y México es de los pocos países que hoy se acerca a la cobertura universal por cáncer de mama, afirma Bargalló Rocha.

“Todas las pacientes diagnosticadas con cáncer de mama tienen la oportunidad de recibir un tratamiento, independientemente del tipo de seguridad social que tengan y si no tienen, pueden acudir al fondo de protección de gastos catastróficos, a través del Seguro Popular; la verdad es que hoy día podemos asegurar que, por lo menos desde 2007, todas las mujeres en este país que tienen cáncer de mama pueden acceder a un tratamiento”.

—Sin embargo, hay instituciones de salud muy saturadas que programan estudios de laboratorio para varios meses después.

—Obviamente conozco muchas historias individuales, pero creo que en una visión más global, cada vez se le da más prontitud a eso. La clave es la misma paciente, que es una gran guerrera y hace que ese tiempo se acorte lo más posible. Sin duda todas las instituciones pueden tener áreas de oportunidad para acortar tiempos, pero a veces puede no estar disponible un insumo y habrá que esperar porque tarda un poquito el laboratorio. En el Incan, antes de 2007, una de cada tres pacientes abandonaba el tratamiento porque no tenía acceso, pero a partir de ese año, que tenemos Seguro Popular, la proporción se redujo a menos de uno por ciento. Hay otras instituciones que han avanzado mucho en tener lo mínimo indispensable para tratar el cáncer.

“Nunca va a ser suficiente todo, ni en México ni en el mundo, siempre van a existir nuevas tecnologías con avances a nivel de tipos de cirugías, de quimioterapias (…) Siempre va a existir todo eso y creo que si ahorita nos comparamos con otros países, tenemos más de lo que la OMS pide como mínimo indispensable de acceso al tratamiento”.

Actualmente, indica Juan Enrique Bargalló Rocha, la edad promedio en que se detecta el cáncer de mama en México es de 50 años, lo que “quiere decir que la mitad de las pacientes tiene menos de esa edad; hay mucho revuelo sobre el hecho de que la enfermedad está apareciendo diez años antes, pero desde mi punto de vista hay varias explicaciones, una de ellas es que somos un país joven, por lo que es un poco mayor la posibilidad de que le dé cáncer de mama a una mujer menor de 50 años. Pero entre más jóvenes, las mujeres se preocupan más por su salud y acuden al servicio médico cuando detectan algún tipo de sintomatología, lo que es muy diferente en mujeres de mayor edad”.

—¿Cuáles son los retos de México en materia de cáncer de mama?

—Uno de los grandes retos que enfrenta el país es poner el triple de esfuerzos sobre la prevención y el diagnóstico oportuno; el doble de esfuerzos de lo que tenemos para el acceso a iniciar el tratamiento y no bajar la guardia para seguir teniendo acceso universal con todos los tratamientos. La inversión en educación sin duda debe aumentarse considerablemente. Es básico todo lo que invierta en educación a nivel de la población, de los cuidadores, de los administradores de los centros y de los profesionales que de manera multidisciplinaria enfrentan el cáncer de mama. El reto es la educación.

El cáncer no mata

Después de la experiencia vivida, Aurora López está convencida de que el cáncer por sí solo no mata, pues “el miedo te mata también, por lo que es muy importante que los médicos cambien la forma de dar la noticia, porque hay casos en los que les falta sensibilidad y prácticamente declaran la muerte de la persona; durante mi tratamiento yo observaba pacientes que apenas iban a empezar sus quimioterapias y ya se veían vencidas”.

Aurora considera que a ella le ayudó mucho su carácter y su fuerza, así como el apoyo de su esposo, quien la acompañó de principio a fin. Llegaban juntos a las pláticas de psicología, mientras otras pacientes estaban devastadas porque sus esposos se habían ido, dejándolas con los hijos.

A pesar de que el cáncer fue una experiencia que la marcó, la hizo crecer como persona. “Sí, tengo una cicatriz, no tengo un seno, pero eso me recuerda que puedo hacer muchas cosas aunque la gente me diga que no puedo”.

Se dice agradecida con muchas mujeres que pasaron lo mismo que ella y se le acercaban, le daban libros, le regalaban sus turbantes, dulces, etcétera. Ahora, cuando se lo piden, ella misma acude a ofrecer su testimonio de recuperación a mujeres que están pasando por la enfermedad.

“Yo le digo a la gente: ‘¿Sabes qué?, el cáncer no te mata, no te vas a morir’, lo que yo busco es que se empoderen, porque la familia se enferma también y se angustia. Qué bueno que tratemos de prevenirlo y buscar herramientas para que a menos mujeres les suceda, pero creo que si manejamos el cáncer desde otra perspectiva, de no miedo, las mujeres salen más empoderadas a realizarse los tratamientos, se enfrenta mejor. Que se cae el cabello, pues sí, y cuando te ves en el espejo pelona, sin un seno, solo ves la cicatriz, dices: ‘Ah, canijo’, son muchos choques y tiene uno que estar muy fuerte para resistir, para no dejarse vencer”.

Fuente: CONACYT.

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