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Áreas naturales protegidas en el golfo de California, ¿una amenaza para las pesquerías?

El rechazo del sector pesquero hacia los decretos de áreas naturales protegidas (ANP) en el golfo de California podría suponer que las estrategias de conservación y las actividades económicas no pueden armonizar en el mismo punto geográfico; sin embargo, científicos difieren.

La concentración de 77 por ciento del sector pesquero del país en el golfo de California no es casualidad. Debajo de sus más de 258 mil kilómetros cuadrados de superficie, alberga 36 especies de mamíferos marinos, 31 especies de cetáceos, cinco especies de tortugas marinas, más de 700 especies de peces —incluyendo tiburones—, 210 variedades de aves y poco más de seis mil especies de macroinvertebrados, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

El golfo de California, también conocido como mar de Cortés, además de ser un área altamente productiva en cuanto a pesquerías, es uno de los sistemas naturales más complejos del país.

Su complejidad trasciende hasta el ámbito socioeconómico: al estar conformado por cinco estados (Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa y Nayarit), implica un reto administrativo y de vigilancia para las autoridades pesqueras y ambientales.

El artículo Governance and effects of marine reserves in the Gulf of California, Mexico, publicado en 2009 en la revista Ocean & Coastal Management, relata que en los últimos 50 años la pesca a pequeña escala del golfo de California se transformó en una actividad de impacto, ecológica y económicamente.

“Dependiendo de la temporada, entre 10 mil y 24 mil embarcaciones pesqueras de pequeña escala operan en el golfo diariamente y se dirigen a más de 70 especies de peces y mariscos, muchos de los cuales son destinados al mercado internacional en Estados Unidos y Asia”, describe la publicación realizada por investigadores pertenecientes a instituciones mexicanas y estadounidenses.

El artículo añade que debido al estado que guardan los recursos pesqueros mexicanos, el Instituto Nacional de Pesca y Acuacultura (Inapesca) declaró que 60 por ciento de las pesquerías del país está siendo explotado en su capacidad o sobreexplotado, por lo que recomendó no otorgar más permisos en la mayoría de las pesquerías.

Control de la pesca

La dinámica actividad pesquera del golfo de California recientemente convive con una política gubernamental tendiente al incremento de las ANP. La WWF reporta que el golfo cuenta con 19 ANP, 10 de ellas con categoría de Reserva de la Biósfera, lo que representa 24 por ciento de las Reservas de la Biósfera mexicanas.

No obstante que en ocasiones las posturas conservacionistas y pesqueras se radicalizan, especialistas consideran que el decreto de una ANP no implica forzosamente el éxito en la conservación y tampoco que los recursos pesqueros no puedan ser explotados.

El doctor Oscar Sosa Nishizaki, especialista del Departamento de Oceanografía Biológica del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), explica que cuando se decreta una ANP “no necesariamente se elimina la pesca, al contrario, se hace con una visión de que la pesca que sucede dentro del ANP tenga directrices que tiendan a ser más sustentable y se asignen áreas donde sí se puede pescar y áreas donde no”.

Oscar Sosa ejemplifica que la Reserva de la Biósfera de Bahía de los Ángeles, en la cual funge como presidente del Consejo asesor, cuenta con una zona donde están permitidas las actividades pesqueras; sin embargo, cuando es la temporada de arribo del tiburón ballena, por ejemplo en el área de observación del tiburón, las operaciones pesqueras se detienen.

Señala que a pesar de estos esfuerzos, el problema de fondo se encuentra en una falta de coordinación transversal entre la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca).

“Cuando se emite un decreto de ANP, este no impacta los permisos pesqueros”, advierte el especialista, y agrega que esto genera que, cuando se decreta el cierre de una zona para la pesca, los pescadores comienzan a moverse a otras áreas sin que se aplique un control estricto.

“No es una invasión porque tienen un permiso de pesca y tienen el derecho. Lo ideal sería que el permiso les dijera que solo pueden pescar los pescadores del lugar”.

ANP, ¿contribuyen a la conservación?

Desde la perspectiva del doctor Oscar Sosa, incrementar el control de la pesca se une a otro desafío: la evaluación de la eficiencia en el manejo de las ANP, tema en el que algunas organizaciones no gubernamentales, como Pronatura Noroeste, han destinado sus esfuerzos.

Uno de los indicadores del éxito de las ANP son los niveles de captura de las especies que en ella habitan, cuya tendencia debe ser estable o ascendente para considerar eficiente el plan de manejo del área.

“Pero si las capturas vienen disminuyendo o la abundancia es relativa, es decir, el número de organismos de cualquier recurso pesquero por área disminuye, quiere decir que esa población está siendo afectada, pero si se mantiene igual, quiere decir que estás sacando y que estás dando oportunidad de que el recurso se pueda reproducir”, explica Oscar Sosa.

Por su experiencia colaborando en evaluaciones de ANP realizadas por la Conanp, considera que estas son un tanto subjetivas, se centran en la gestión de la institución y no implican un monitoreo estricto para conocer el estatus de los recursos naturales.

Más allá de la conservación

Ante lo que podría considerarse una oposición entre las actividades económicas en el golfo de California y los esfuerzos para la conservación de sus recursos naturales, cada vez con mayor constancia los científicos apuntan hacia la necesidad de incorporar factores socioeconómicos en el diseño de áreas marinas protegidas.

En entrevista, el doctor Guillermo Torres Moye, profesor investigador en retiro de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y especialista en ecología marina, apunta que los escenarios actuales demandan revisar múltiples factores que influyen en la conservación de recursos naturales.

“Hay nuevas herramientas que se han generado para incorporar todas esas variables, para no nada más decir ‘esta región debe conservarse porque tiene un alto grado de endemismo, o porque tiene gran biodiversidad o porque sus paisajes son únicos’, no, además tenemos que incorporar nosotros la calidad del ambiente en términos del deterioro histórico que ha tenido y la minimización del daño económico hacia actividades que se vienen realizando desde hace muchísimos años”.

La propuesta para el diseño de áreas marinas protegidas, que sean ecológicamente funcionales y socioeconómicamente viables, requiere información relativa a la complejidad ecológica y social de los sistemas costeros, precisa el artículo Marine spatial planning in a transboundary context: linking Baja California with California’s Network of Marine Protected Areas, publicado en 2017 en la revista Frontiers in Marine Science.

En el artículo, del cual Guillermo Torres es coautor, los investigadores subrayan que la información ecológica y socioeconómica es esencial para identificar áreas prioritarias de conservación y minimizar posibles conflictos socioeconómicos.

El especialista detalla que la propuesta es “no solo pensar un área sino pensar en redes, es una idea más contemporánea, la cual considera el hecho de que no es solo importante proteger un área con todos esos atributos que mencioné, sino proteger varias áreas entre las cuales haya conectividad”.

Ciencias humanas en el golfo

En 2001, la Asociación de Investigadores del Mar de Cortés (Aimac) aprobó en asamblea una propuesta para incluir las ciencias sociales en sus congresos, con el objetivo de desarrollar investigación multidisciplinaria en el golfo de California.

Cuatro años después, Aimac publicó el documento titulado Las dimensiones humanas en el estudio y conservación del golfo de California, en el que Gustavo Danemann, director de Pronatura Noroeste, deja en claro que las visiones unilaterales del golfo de California no son apropiadas para frenar el deterioro de sus recursos naturales.

“En la medida en que se promueva un verdadero enfoque multidisciplinario para la búsqueda de la sustentabilidad y la conservación, la investigación científica logrará cumplir con la responsabilidad histórica de colaborar en la búsqueda de soluciones viables para los problemas que afectan al golfo de California como ecosistema natural”.

Para el doctor Oscar Sosa, la armonización de las ANP del golfo de California con sus actividades pesqueras depende esencialmente de la coordinación interinstitucional al interior del propio gobierno, para que a partir de su comunicación se defina hacia dónde se busca llevar las ANP junto con el manejo de las pesquerías.

“Entiendo la razón por la que se haya disparado la creación de ANP, pero realmente no ha funcionado porque no se evolucionó con toda la infraestructura de inspección y vigilancia y coordinación con el sector pesquero; mientras el sector pesquero y el sector preocupado por la conservación de los ecosistemas no se sienten a coordinarse y haya una cumbre en la cual se puedan establecer medidas para armonizar ambas actividades, será muy difícil”.

Fuente: CONACYT.

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