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¿Dónde verter los materiales del dragado portuario?

El crecimiento del transporte de mercancías a través de los puertos mexicanos implica el desarrollo de infraestructura y obras que los doten de mayor capacidad.

Por medio de los puertos de México se traslada un tercio de la carga total del país y en el periodo de 1996 a 2013, la importación vía marítima se incrementó en 29 por ciento, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) referidos en el artículo“Infraestructura portuaria y crecimiento económico regional en México”, publicado en 2017 en la revista Economía, Sociedad y Territorio.

El caso de los puertos de Ensenada, Baja California, no es diferente a los del resto del país, por lo que constantemente se llevan a cabo proyectos de dragado que amplían la capacidad portuaria para recibir buques de cargas mayores.

El dragado portuario consiste en extraer materiales del fondo marítimo para aumentar su profundidad, desechos que se descargan en zonas de depósito previamente delimitadas, ya sea en tierra o en mar.

Investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) colaboran con la Secretaría de Marina (Semar) en el desarrollo de estudios para determinar un polígono en el que se liberen los materiales de dragado de los puertos de Ensenada y El Sauzal.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el doctor Héctor Bustos Serrano, profesor investigador de la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC, expuso que evalúan un polígono en la bahía de Sebastián Vizcaíno, localizada al sur de Baja California.

En la evaluación del polígono colabora un grupo multidisciplinario de investigadores, pertenecientes a diversas instituciones, que es coordinado por oficiales de la Estación de Investigación Oceanográfica de la Semar en Ensenada.

Como parte de la investigación, hasta ahora el equipo de especialistas ha realizado dos cruceros oceanográficos a bordo del BI-08 Río Tecolutla —uno de los buques científicos de la Semar—, el primero en agosto de 2017 y el segundo en abril de 2018.

Estudios sobre el CO2

El doctor Héctor Bustos es especialista en química marina y atmosférica y dentro del proyecto de la Semar es responsable del estudio del sistema del dióxido de carbono (CO2) en la bahía de Sebastián Vizcaíno.

El investigador explicó que su trabajo parte de la toma de muestras en botellas especiales, las cuales son colectadas a diferentes profundidades y, una vez en la superficie, se llevan al laboratorio del buque para determinar niveles de acidez (pH) y alcalinidad total.

“Con esas dos variables bien medidas podemos inferir, a través de unas ecuaciones que desarrollamos en mi tesis doctoral, otros elementos que son el carbono orgánico disuelto y la presión parcial del CO2, son cuatro variables que describen el sistema del dióxido de carbono”.

Es apenas un pequeño volumen de agua de mar el que requieren los especialistas para realizar las mediciones y conocer la capacidad del océano en el sistema del dióxido de carbono para frenar los cambios producidos por la acidificación.

El doctor Héctor Bustos comentó que, además de los análisis que él realiza, hay especialistas tanto de la UABC como del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), dedicados a analizar las corrientes.

“Nos dan información de hacia dónde va la corriente y a qué velocidad, esa es una gran ventaja, y no nada más en la superficie, conforme se va bajando a cinco, 10, 15, 20, 50 metros, hasta la profundidad que necesitemos, tenemos un perfil que es una descripción desde superficie hasta fondo, de cómo están las condiciones de las corrientes porque a lo mejor en la superficie está en una dirección y baja 10 metros y está en una dirección completamente diferente”.

Imágenes satelitales

El doctor Eduardo Santamaría del Ángel, profesor investigador de la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC y colaborador en el proyecto, analiza imágenes satelitales que son procesadas en el laboratorio de imágenes de color del océano del grupo de investigación Phytoplankton Ecology Team (Popeye).

En entrevista, el investigador explicó que a partir de imágenes satelitales cuya resolución puede ser moderada, de un kilómetro por un kilómetro, o de 300 metros por 300 metros, se acota una escala de colores que simboliza la concentración de clorofila en el área analizada.

Mencionó que los resultados preliminares muestran que la luz en la bahía de Sebastián Vizcaíno tiene un decaimiento exponencial y entre los 25 y 30 metros de profundidad se ubica una zona eufótica, que son aquellas donde llega muy poca luz de la superficie.

“Nosotros detectamos un pico de clorofila dentro de esa zona eufótica y después de ahí había oscuridad, pero a 90 metros detectamos fitoplancton vivo, esto indica, de alguna manera, que hay un proceso de subducción muy fuerte que agarra el fitoplancton de la zona eufótica y lo hunde a profundidad”.

El doctor Eduardo Santamaría consideró que los datos recabados en los dos cruceros oceanográficos son insuficientes para determinar si la zona de estudio es pertinente para verter los materiales del dragado portuario.

Además, estimó que es indispensable tomar en cuenta los servicios ecosistémicos que otorga el sitio y no solamente aquellos servicios explícitos como la pesca, sino aquellos no clásicos.

“Hay servicios ecosistémicos que no los tenemos contemplados, por decir algo, que en el sedimento que se está dragando haya una bacteria, que esa bacteria pueda soltar ciertas cuestiones antibióticas al medio y eso va a provocar que los peces estén más sanos, eso sería un punto beneficioso; tenemos que hacer estudios base para poder determinar los servicios ecosistémicos no clásicos que pudiera haber en ese ecosistema”.

El sitio idóneo

Las evaluaciones para determinar el polígono que se destinará para desechos portuarios están enfocadas en buscar el sitio donde el impacto al ecosistema sea el menor posible, al igual que las perturbaciones al entorno.

El doctor Héctor Bustos mencionó que una vez que el material del dragado se vierte en el sitio, comienza a dispersarse conforme cae desde la superficie hasta depositarse en el fondo.

“La idea es que donde caiga en el fondo se degrade o que la presión tenga la suficiente fuerza para que vaya desintegrando materiales y que sean más fáciles de disolver y dispersar, la misma presión los va pulverizando y va siendo más fácil de transportar a otras áreas que no impacten”.

Apuntó que la mancha de la afectación dependerá del tamaño del sedimento, que puede contener materiales orgánicos, inorgánicos y biológicamente activos, por lo que parte de la evaluación también aborda el tipo de materiales que se van a verter.

“Yo creo que una de las primeras condiciones de buscar un lugar sería primero el efecto de las corrientes y hacia dónde viene, tiene que tener bien claras las condiciones estacionales porque las corrientes también cambian conforme sea verano, primavera, otoño, invierno”.

El doctor Eduardo Santamaría enfatizó la relevancia de llevar a cabo un trabajo multidisciplinario e interinstitucional, proyecto que consideró necesario promover en todo el país.

Al finalizar las evaluaciones, los especialistas que colaboran con la Semar emitirán informes técnicos que aportarán el conocimiento científico necesario para emitir un dictamen final respecto al sitio seleccionado.

Fuente: CONACYT.

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