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Pescadores restauran recursos del mar en la Ensenada de La Paz

En la Ensenada de La Paz, en el estado de Baja California Sur, la comunidad de pescadores El Manglito, en conjunto con Noroeste Sustentable, A.C. (NOS) —asociación dedicada a promover prácticas sustentables—, restaura las pesquerías de moluscos bivalvos de callo de hacha (Atrina maura), almeja catarina (Argopecten ventricosus), almeja chocolata (Megapitaria squalida) y almeja blanca (Spisula solida).

El esfuerzo de restauración surge del anhelo de los pescadores por tener una ensenada con abundante callo de hacha y almeja catarina, principalmente.

Enrique Méndez Camacho, pescador de la comunidad, rememoró que el primer paso hacia la restauración de las pesquerías requirió del compromiso de suspender el aprovechamiento de los moluscos bivalvos hasta el restablecimiento óptimo del recurso natural.

Suspender actividades fue la decisión colectiva más difícil que tuvieron que afrontar porque dependían casi en su totalidad de los ingresos de la limitada pesca de callo de hacha.

“Sinceramente, esa decisión fue bastante difícil para nosotros, porque decir: ‘Vamos a dejar de pescar’, es como decir: ‘¿Qué vamos a llevar a nuestras casas?’. Empezamos a trabajar la pesquería de escamas, con apoyo en gasolina de NOS, ese fue un soporte que a nosotros nos ayudó a tomar la decisión de no pescar el callo de hacha. Gracias a esa decisión, cada año la ensenada se ha ido recuperando más”, mencionó Méndez Camacho.

La agrupación de pescadores concuerda que para la recuperación de las pesquerías de callo de hacha y almeja catarina, así como otras especies bentónicas de la ensenada, la colaboración con NOS e investigadores y técnicos del Centro Regional de Investigación Pesquera de La Paz (CRIP La Paz) del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) ha sido fundamental.

La temporada 2006 de captura de callo de hacha fue la última en que extrajeron abundante cantidad del recurso marino. Desde aquel año, hasta 2011, la extracción del recurso fue disminuyendo gradualmente a causa de la sobrepesca en la zona.

Los pescadores aún no contaban con adecuada capacitación y asesoría técnica para desarrollar pesquerías sustentables.

“En ese año (2006) hubo mucho callo de hacha e incluso se pescó sin control, era sacar, sacar y sacar, después la pesca disminuyó. Nosotros cambiamos bastante nuestra mentalidad, ahora los mismos pescadores estamos pescando de manera distinta, siempre con la idea de la sustentabilidad de por medio, sin llegar a la sobrepesca, monitoreando la ensenada para que otras personas no extraigan el producto ilegalmente. También hemos evaluado bastante bien nuestros recursos y hemos pescado únicamente por zonas previamente seleccionadas”, detalló Méndez Camacho.

Esfuerzos de restauración de pesquerías

El presidente de Noroeste Sustentable, el ingeniero Alejandro Robles González, mencionó que a petición de los pescadores de la comunidad, comenzaron a evaluar los recursos pesqueros de la Ensenada de La Paz y desarrollar el programa de restauración integral de múltiples pesquerías.

Esta temporada 2018 de captura de callo de hacha, los pescadores tienen un límite de aprovechamiento de 128 mil organismos por zonas de extracción.

Otro resultado importante es la reintroducción de almeja catarina en la Ensenada de La Paz, que desde la década de 1980 se agotó, a causa de la sobrepesca y el impacto de huracanes en la ensenada.

“Las primeras acciones fueron reintroducir la almeja catarina y acordar la no pesca del callo de hacha”, rememoró Robles González.

“En el caso del callo de hacha, se evaluó la población para determinar si se podía pescar o no; en el caso de la almeja catarina, se trajeron individuos de los que empezamos a introducir las semillas, que se preengordaron en jaulas y corrales y que al final se liberaron a la ensenada”, continuó.

Dentro de los esfuerzos de restauración de la ensenada, se echó al mar más de medio millón de almeja catarina. A partir de 2016, los pescadores empezaron a detectar una mayor población de la catarina, sin embargo, aún no en cantidades aprovechables.

La prioridad era restaurar el callo de hacha

La responsable operativa del Programa de Restauración de Moluscos Bivalvos de la Ensenada de La Paz de NOS, la maestra en ciencias Silvia Ramírez Luna, detalló que comenzaron las operaciones de restauración del callo con evaluaciones para determinar la disponibilidad del recurso marino, la concienciación de la problemática de la escasez de la pesquería y la socialización, con la comunidad de pescadores, de las soluciones alternativas.

Durante 2011 evaluaron el recurso pesquero y planificaron acciones de restauración de la Ensenada de La Paz.

“La población de callo de hacha estaba a punto de agotarse en la Ensenada de La Paz, generamos una primera evaluación en toda el área de pesca, que nos indicó que había alrededor de 60 mil organismos de callo de hacha china, y en total con la china, la larga y la botijona, había poco menos de 100 mil organismos, así fue como empezamos los trabajos de restauración”, apuntó Ramírez Luna.

La primera evaluación del recurso pesquero requirió de muestreos en transectos seleccionados en zonas de pesca histórica, es decir, en lugares en que tenían certeza que en años anteriores habían extraído grandes cantidades de callo de hacha, para dar certidumbre a la comunidad de la escasez del producto.

En 2012, NOS enfocó los esfuerzos de restauración a concientizar la problemática y organizar a la comunidad de pescadores para dar solución a la misma.

“El trabajo más fuerte consistió en un mayor acercamiento con la comunidad de pescadores, para saber si la visión —restaurar los recursos pesqueros en la ensenada— era compartida y habilitarlos a ellos con permisos y una serie de reglamentaciones, que les permitieran hacer actividades para la restauración, como permisos de acuacultura de fomento y de pesca de almeja blanca, como actividad alternativa”, mencionó Ramírez Luna.

Dentro de la Ensenada de La Paz los especialistas en pesquerías, en colaboración con los pescadores, delimitaron alrededor de mil 300 hectáreas (ha), en las que establecieron cuadrantes de 100 metros (m) por 100 m, que dividieron en mitades rectangulares, en los que trazaron cinco transectos de 50 metros de largo por dos metros de ancho.

Los cuadrantes tenían 10 transectos distribuidos uniformemente, que los pescadores censaban mediante inmersiones y sin extraer almeja de callo de hacha.

“En aquel año (2012), alrededor de 80 pescadores de El Manglito acordaron no pescar y vigilar que nadie más se metiera a sacar callo de hacha; hoy en día, realizan operativos de vigilancia participativa y censos continuos de callo de hacha hechos por ellos mismos”, destacó Ramírez Luna.

La producción de semilla de callo de hacha de la región con tecnología acuícola es sumamente complicada en la actualidad, por ello decidieron suspender la pesquería durante alrededor de seis años, hasta que el recurso se recuperara naturalmente.

De 2011 a 2015, los cuadrantes evaluados para determinar los recursos pesqueros de la ensenada aumentaron de 138 a 180, anualmente.

La pesca de escama fue una solución alternativa a la suspensión de la pesquería de callo de hacha.

“La historia de las pesquerías en México tiene pauta similar, empezamos con muchos recursos pesqueros y poco a poco nos lo vamos acabando de manera general. Este es un caso en donde la comunidad se une con ayuda de NOS y se organiza, lo que lo hace único es que es la primera vez que ocurre en un sitio en donde no hay recurso; producto de seis años de trabajo de la comunidad, vuelve a haber recursos y la autoridad reconoce ese esfuerzo y se otorga una concesión”, finalizó Robles González.

Noroeste Sustentable, A.C. ha estado vinculado con Inapesca, a través de los investigadores del Centro Regional de Investigación Pesquera de La Paz (CRIP La Paz), con el doctor Gustavo de la Cruz, del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional (Cicimar IPN), así como con grupos académicos y de investigación de otras instituciones nacionales y extranjeras.

Fuente: CONACYT.

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