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La escolaridad, un ecualizador de oportunidades

En México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), 74 por ciento de la población cuenta con educación media superior, considerado el nivel posterior a la secundaria, pudiendo llamarse preparatoria o bachillerato.

Aunque las mediciones cuantitativas indican que casi tres cuartas partes de la población mayor a 20 años cuenta con educación media superior, dicho nivel también requiere el análisis de la exclusión social que puede llegar a generar.

El doctor en sociología por la Universidad de Texas e investigador de El Colegio de México (Colmex), Patricio Solís, encuentra en la educación media superior un espacio de vulnerabilidad y exclusión en el México contemporáneo, si no se maximiza el grado escolar como ecualizador de las relaciones sociales.

La exclusión social, un término relativo a la región

“La exclusión social enfatiza los procesos de ruptura de lazos sociales, pero también lazos culturales o lazos educativos. Esta concepción europea, al retomarse en países de América Latina, se olvida de que son contextos sociales distintos”.

Patricio Solís asegura que el concepto de “exclusión social” en Europa surge en los años ochenta, cuando se hace una regresión de los programas del Estado benefactor, para cambiar a lo que se conoció como “la etapa neoliberal”. Sin embargo, el contexto latinoamericano, asegura, fue distinto.

“Comienza la exclusión de los que antes eran incluidos en Europa, en el Estado de bienestar. Ahora, en América Latina tenemos estudios propios, que aquí vienen de cuestiones históricas. Acá se discute sobre la capacidad de integración de sociedades capitalistas con desarrollo tardío. Y esa expansión capitalista genera segmentación. Entonces, los conceptos son diferentes”.

La escolaridad y los riesgos de exclusión segmentada

“La inclusión no implica igualdad distributiva, no implica que todos tengan lo mismo. Implica que todos tengan un piso mínimo de bienestar y acceso justo a oportunidades. Quiero decir que el destino social no tenga condicionantes sociales de factores ajenos a las posibilidades individuales. Entonces la escolaridad sigue siendo para el acceso a un piso mínimo de bienestar”. Solís indica que la escolaridad es fundamental para la gran mayoría de las personas.

“Si hay desigualdad en el acceso a la escolaridad, es muy probable que eso se refleje en el destino social de las personas. Si decimos que los orígenes sociales se asocian a los destinos ocupacionales, con la escolaridad disminuimos la desigualdad de oportunidades, que a veces se dan por capital social, herencias, entre otras”.

Sin embargo, el investigador hace énfasis que la simple escolaridad no disminuye la desigualdad, puesto que es diferente el grado de preparación y oportunidades que se tienen, dependiendo de la institución de educación media superior a la que se acuda.

“Es diferente ir a una institución privada o a una pública, para bien o para mal, porque incluso entre esas hay unas de más calidad que otras. También hay desigualdades, que a eso llamamos desigualdades horizontales”.

Patricio Solís explica las transiciones que existen, pues de la primaria a la secundaria es casi universal, mientras que de la secundaria a la preparatoria, cerca de 35 por ciento de estudiantes no completa la transición.

Fuente: CONACYT.

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