BITÁCORA

Un colombiano ganó un ‘Nobel de lo absurdo’ por estudiar los besos

El psicólogo bogotano Juan David Leongómez recibió hace algunos días un certificado con tres firmas que cualquier científico soñaría ver: Richard Roberts, ganador del premio Nobel de Medicina en 1993; Eric Maskin, ganador del Nobel de Economía en 2007, y Martin Chalfie, nobel de química de 2008.

Junto a los nombres de estos famosos investigadores, en el documento aparecía otro quizás menos conocido: Marc Abrahams, fundador de los premios Ig Nobel, popularmente conocidos como la parodia de los Nobel, pues se encargan de galardonar las investigaciones más improbables y absurdas del mundo. Premio que, precisamente, el colombiano Leongómez acaba de ganar en la categoría de economía.

Leongómez, profesor del departamento de psicología de la Universidad del Bosque, fue reconocido, junto con otros ocho investigadores, por haber hecho, en 2018, un estudio que relaciona el nivel de inequidad económica de varios países con el número de besos en la boca que se dan sus habitantes.

Aunque suene curiosa, la investigación, titulada ‘Inequidad en el Ingreso Nacional Predice la Variación Cultural de los Besos Boca a Boca’, fue publicada nada menos que en la revista Scientific Reports, de la reconocida editorial británica Nature.

De acuerdo con Leongómez, el estudio partió de la premisa de que los besos románticos son una costumbre extendida entre países y culturas, pero no universal.

En este sentido, los investigadores querían poner a prueba las dos hipótesis dominantes para intentar entender por qué los humanos son la única especie animal que se besa.

La primera de estas hipótesis dice que los besos son un mecanismo para evaluar la “calidad” de la pareja de acuerdo con el entorno, bien sea que este sea más o menos saludable que otros.

La segunda plantea que los besos aumentan la monogamia o la inversión en relaciones de pareja en términos de tiempo, fidelidad y cuidado parental, entre otras, razón por la cual adquieren un mayor valor en entornos hostiles, como en los que los recursos son escasos en términos relativos o absolutos. Es decir, pobreza o inequidad.

Así, los besos y caricias podrían jugar un papel importante en cómo las parejas mantienen y controlan la calidad de una relación romántica.

“El objetivo era indagar si alguna de las dos hipótesis anteriores se relacionaba con las variables socioeconómicas de las naciones, como la salud o la riqueza”, asegura el Leongómez.

Luego de encuestar a más de tres mil personas en trece países, los investigadores hicieron interesantes hallazgos, como que los besos se valoran más en las relaciones ya establecidas que durante el cortejo, así como que las personas abrazan más a su pareja en las naciones más pobres o más saludables.

“Como lo predijimos, las personas en los países con alta desigualdad besan a su pareja con más frecuencia que quienes están en áreas de baja desigualdad, y también lo hacen más en países donde es probable que la competencia por los recursos sea más intensa, es decir, lugares con mayor pobreza relativa o absoluta, dice Leongómez, y agrega que este factor puede desempeñar un papel importante en el mantenimiento de lazos de pareja estables a largo plazo en ciertos tipos de entornos hostiles.

Pero la investigación no se limitó a aspectos meramente cuantitativos, sino que también se atrevió a lanzar conclusiones cualitativas, o sobre la calidad de los besos.
“Encontramos que hay dos componentes para un buen beso: la técnica, el contacto y la excitación, y los factores sensoriales, que según nuestro estudio son más importantes para las mujeres que para los hombres, siendo lo agradable del aliento el elemento que más se sopesa dentro de este factor”, asegura Leongómez.

En el caso de Colombia, los investigadores encontraron que, junto con Chile y Brasil, es el país donde las personas reportan una mayor frecuencia de besos. Además, después de Polonia, es la nación donde los habitantes se dan más abrazos. Asimismo, Colombia es el país con mayor satisfacción con la frecuencia de las relaciones sexuales.

Sobre el premio Ig Nobel que recibió, y cuya ceremonia de entrega fue transmitida por internet el pasado 17 de septiembre (este año, por la pandemia, no se pudo llevar a cabo como tradicionalmente se hacía, desde el Teatro Sanders, de la Universidad de Harvard), el investigador dice que no es motivo de vergüenza. Todo lo contrario: “Me da mucho orgullo”, asegura.

“Me gusta la idea de que tengan un lado divertido, porque muchas veces la ciencia parece fría y distante de las personas. Estos premios acercan la ciencia a la gente y les dan visibilidad a los investigadores y sus estudios”, afirma Leongómez, y añade que en los últimos días ha recibido muchas llamadas y mensajes de felicitación de otros investigadores.

“Una de las personas que me llamaron me dijo que las preguntas más curiosas son las que mueven el mundo. Las aplicaciones de la ciencia son fundamentales, pero son las preguntas básicas las que nos sirven para entender los fenómenos más complejos”, apunta.

Fuente: Agencia ID.

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