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Las hormonas humanas y la ingeniería genética

Cuando las personas escuchan la palabra transgénico, suelen pensar en agricultura o en alimentación, en soya, maíz o arroz; pero los transgénicos tocan muchos otros aspectos de la vida. La insulina humana, que algunas personas con diabetes utilizan como parte de su tratamiento, es también un producto transgénico.

Durante el congreso El futuro de la ciencia: especulaciones y certezas, que organiza el Instituto de Matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el doctor Francisco Bolívar Zapata habló sobre las ventajas de producir hormonas humanas mediante ingeniería genética, en lugar de obtenerlas de fuentes animales.

Antes, la insulina como medicamento se generaba a partir de sangre de animales, de cerdos principalmente, porque esa era la proteína más parecida a la insulina humana que se podía conseguir. Pero a algunas personas les provocaba una reacción inmunológica y además era muy difícil satisfacer la demanda del número creciente de personas que la necesitaban, explicó el investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM.

Pero en 1977, Francisco Bolívar formó parte de un equipo de investigación en Estados Unidos que logró, por primera vez en el mundo, introducir el gen de la insulina humana en la bacteria Escherichia coli. Con esto lograron que la bacteria produjera, con su propia maquinaria celular, una molécula idéntica a la insulina humana. Esto permitió obtener mayores cantidades de la hormona y que se dejaran de utilizar animales para obtenerla. Este fue el inicio de la producción de proteínas humanas a través de organismos transgénicos.

“Ahora estas proteínas, que se obtienen de organismos transgénicos, son idénticas a las humanas y ya tenemos más de 100 de ellas en las farmacias del mundo. Estos extraordinarios medicamentos no se hubieran podido obtener sin la ingeniería genética, ni se hubieran podido producir las cantidades necesarias para satisfacer su demanda actual”.

Estos medicamentos biotecnológicos incluyen la insulina, los interferones, los anticoagulantes sanguíneos y algunas vacunas, como la de la influenza y la hepatitis B. De hecho, algunas de las patentes de estos medicamentos ya vencieron y existen algunas versiones genéricas en el país, recalcó el investigador en su charla Ingeniería genética: la producción comercial de hormonas humanas transgénicas y otros grandes logros.

Más de 30 años de transgénicos

Las proteínas recombinantes, que es el nombre que se da a las proteínas que se obtienen de un organismo transgénico, también se han usado en la elaboración de alimentos. La enzima quimosina o rennina es una enzima que se utiliza en la elaboración de queso, esta proteína permite que la leche cuaje.

También se utilizan proteínas recombinantes para la elaboración de cerveza, jugos, aceites de pescado, jarabes, huevos deshidratados y muchos otros alimentos más. Francisco Bolívar explica que millones de seres humanos han consumido alimentos que se elaboraron con proteínas que produjo un organismo transgénico.

Para el investigador, los transgénicos han tenido un efecto positivo sobre la producción de medicamentos y se debe seguir impulsando su utilización. El científico opina que muchos de los tratamientos farmacológicos que ahora se basan en fármacos químicos podrían sustituirse con medicamentos biotecnológicos para evitar sus efectos secundarios.

Uso responsable de la tecnología

Introducir un gen en un organismo, dentro de otro organismo, y que el segundo pueda comprender las órdenes que contiene es posible gracias a que todos los organismos vivos tienen ADN, y a que ese ADN está formado por las mismas moléculas y se acomoda en una misma estructura: una doble hélice.

Por eso se puede incorporar cualquier tipo de ADN al genoma de una bacteria, incluso ADN sintético, y esto amplía las posibilidades de uso de la ingeniería genética, comentó Francisco Bolívar.

“El objetivo de los organismos genéticamente modificados es ayudar a resolver problemas de diferentes sectores”.

 Para el investigador, no hay razones para denostar a los transgénicos y la solución para el uso responsable de esta tecnología es una regulación que analice caso por caso la forma en que se pretenden utilizar.

Fuente: CONACYT.

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