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María de la Paz Elizalde y su fascinación por la química

El laboratorio es el otro mundo de la doctora María de la Paz Elizalde González. Ella experimenta, crea, comprueba, revisa, corrige, observa con paciencia y también vive con certeza las ciencias químicas. Sus logros y los de sus estudiantes son motivo de alegría, a veces de celebración y aplauso. Desde el Laboratorio de Adsorción y Cromatografía, la doctora María de la Paz comparte su conocimiento, lo mismo en un salón de clases, que en un artículo apegado a todo el rigor científico.

Su trayectoria como académica e investigadora se ve reflejada en seis patentes registradas en países como México, Estados Unidos, Alemania y España, así como en más de 85 artículos publicados en revistas indizadas.

María de la Paz Elizalde, miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), fue la primera académica en el área de Ciencias Químicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en impartir cátedra con el grado de doctora, el cual obtuvo a la edad de 27 años por la Universidad Estatal MV Lomonósov de Moscú.

Con una amplia experiencia como científica, la doctora María de la Paz tiene mucho que contar; sin embargo, puede mostrarse renuente a las entrevistas, aunque asegura que no es por egoísmo, solo que prefiere contar sus experiencias a través de un contacto directo. No obstante, accede, para la Agencia Informativa Conacyt, a platicar sobre su trayectoria y su vida.

Como en una tienda de juguetes

La primera vez que la doctora María de la Paz Elizalde entró a un laboratorio de química estudiaba la secundaria. Fue como estar en una juguetería: los matraces, las probetas, los tubos de ensayo, los condensadores para destilación y los embudos despertaron su fascinación e incrementaron su curiosidad innata, enfocándola desde entonces en lo que sería una decisión de vida: el estudio de las ciencias químicas, en especial el desarrollo de nuevos materiales adsorbentes e híbridos para fotocatálisis.

“La inquietud la traía desde pequeña, siempre quise encontrar respuestas y aprender más, me emocionaban los experimentos de ciencias naturales en la escuela e incluso recuerdo que desde niña mezclaba cremas y talcos con alcohol o agua para observar diferencias”.

Ahora, años después, ese ambiente se recrea en su propio espacio de trabajo. En la entrada, lo primero que destaca del lado izquierdo son los gabinetes llenos de cristalería y material de laboratorio. Los equipos para hacer mediciones, análisis y experimentos están funcionando y de una de las paredes cuelga una enorme tabla periódica de Dmitri Ivánovich Mendeléyev, impresa en Rusia, la cual evoca a uno de los más célebres químicos de la historia. Del otro lado, una mesa de trabajo para los estudiantes y, atrás de ellos, el cubículo de la doctora María de la Paz Elizalde González, siempre con la puerta abierta.

“Te puedo decir que me alegro con cada cosa que sucede en el laboratorio. Por lo general llego temprano y al comenzar la jornada laboral me gusta ver llegar a los estudiantes, su frescura, su juventud, su prisa por empezar los experimentos, eso ya me hace feliz. Gozo viéndolos experimentar y durante el día los acompaño en su desempeño, sus cálculos, los escucho siempre. Pocas veces mi puerta se cierra para indicar que tengo la necesidad de alta concentración”.

Cambio de roles

Fuera del laboratorio, la doctora María de la Paz ha sido una madre y esposa como cualquier otra. Ha llevado su desempeño científico a la par que su vida personal valiéndose de estrategias que han sido clave para ella, la concentración en la actividad que desempeña, la organización y el cambio de roles.

“Es difícil pero no imposible, se tiene que ser muy organizada y eficiente. Lo que hice siempre fue estructurarme mentalmente. Me levantaba y en casa solo era una mamá como cualquier otra, rindiendo en mis responsabilidades, y una vez que cruzaba la puerta del hogar, dejaba de ser mamá y me concentraba en el trabajo al llegar al laboratorio. El switchse invertía de regreso a casa. Por ejemplo, he cocinado toda la vida para mi familia, nunca fuimos de comidas compradas, lo hacía de noche, cuando los niños ya estaban en la cama, para que al siguiente día calentáramos los alimentos y juntos pudiéramos sentarnos a comer, platicar y ver tareas. Muchas veces había que trabajar textos o leer artículos a altas horas de la noche. Claro que esto implicó mucho compromiso y fue la combinación correcta: ser unas horas madre y otras convertirme en investigadora”.

Otro de los factores que influyó —dice— fue que nunca tuvo una observación o cuestionamiento sobre las actividades que como académica e investigadora realizaba por parte de su familia, e insistió en que las científicas que son madres deben tener el soporte de la pareja y asegura que sin la colaboración de su esposo hubiera sido imposible adoptar los dos roles.

Las satisfacciones

Su familia, los resultados experimentales en el laboratorio, sus patentes, son algunas de las cosas que más causan satisfacción a la doctora María de la Paz Elizalde. No obstante, al cuestionarla sobre lo más importante, sus resultados científicos pasan a segundo plano ante la complacencia que le genera formar a nuevas generaciones de investigadores.

“Lo que más me gusta es ayudar a otras personas a conocer las experiencias y satisfacciones que brinda la ciencia. Me refiero a los egresados del laboratorio, que ya son muchos en 35 años, y que tienen una calidad indiscutible, que es lo que más importa. Los doctores que he formado son miembros del Sistema Nacional de Investigadores, dos trabajan en Europa. Me complace saber que están preparados y que podrán vivir mejor, porque la mejor herramienta es la educación. En cuanto a los resultados experimentales de mi grupo, también los gozo. Su presentación e interpretación física, como figuras o gráficas, provocan caricias al recordar todo el trabajo que hay detrás y muchas veces embelesan porque son casi tan bellas como una obra de arte”.

Las líneas de investigación del laboratorio creado por la doctora María de la Paz en 1982 han crecido, se han consolidado y diversificado gracias al financiamiento institucional y externo, nacional e internacional y a sus proyectos de investigación a lo largo de los años. Así, los estudiantes han dispuesto invariablemente de todos los recursos para su investigación de tesis aquí y en los laboratorios partner de los proyectos internacionales.

La infraestructura cromatográfica actual de este laboratorio es de última generación, permite investigación de largo alcance en el campo de compuestos con actividad biológica como micotoxinas, fitofármacos, compuestos poliaromáticos, arsénico, fluoruros, metales pesados, colorantes textiles, feromonas, complejos de gadolinio y contaminantes emergentes en su interacción con zeolitas, sílica, titania, carbón, residuos agrícolas y materiales híbridos que son preparados y caracterizados para aplicaciones fisicoquímicas en tecnología ambiental.

Entre las patentes que obtuvo la científica, la obtención de un absorbente a partir del residuo de hueso de aguacate con la capacidad de eliminar simultáneamente contaminantes tanto orgánicos como inorgánicos, ha sido la que más orgullo le generó, pero también la más difícil de registrar en el extranjero.

“Lograr esa patente representó mucho esfuerzo. Fue objetada en la primera acción oficial, se contestó y el examinador siguió negándola argumentando que carbonizando llantas se podía llegar al mismo resultado que el propuesto por mí. Tuve que realizar personalmente más experimentos para reportárselos y demostrar resultados diferentes. La Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos (USPTO, por sus siglas en inglés) volvió a refutar y entonces tuve que hacer una declaración muy especializada del Código de los Estados Unidos para el registro definitivo de la patente. La concesión generó gastos y muchas gestiones en el plano administrativo, fue muy desgastante. Sin embargo, a pesar de la espinosa y finalmente exitosa experiencia, es la que más satisfacción me ha causado en el plano de las patentes”.

Los viajes y la música

Un florero con rosas amarillas permanece sobre el escritorio de la doctora María de la Paz. Detrás de ella, sobre un mueble, hay un platón con manzanas y macetas de talavera con algunas plantas. Fotos y recuerdos decoran el resto de su cubículo y, por supuesto, papeles ordenados. A la mano, una agenda con calendario. La organización es fundamental, al igual que la concentración, pero también las reminiscencias de lugares que han despertado sus sentimientos y sensaciones. La naturaleza se ve reflejada en esas flores que son un recordatorio y un contacto cercano con lo que ha disfrutado.

“Tengo flores, plantas y fruta porque son significativas para mí; en mis viajes, cuando salgo de vacaciones no voy a Las Vegas… (risas), más bien me gusta ir a Chiapas, a las Islas Galápagos, a Las Amazonias, donde hay naturaleza exuberante, porque de ella aprendo mucho”.

La música es otra de las actividades que también disfruta la doctora, pero nunca como fondo o acompañamiento. Cuando escucha sus discos, refiere, se sienta exclusivamente a eso, a disfrutar de la armonía de las notas del violonchelo, su instrumento predilecto. Lo mismo pasa con la lectura.

“Cuando voy a escuchar mis discos hago solo eso, no hago otra cosa. Me ‘evaporo’ entre el Vals sentimental de Tchaikovsky y el Segundo vals de Shostakóvich, aunque también saboreo episodios ‘beatlemaniacos’”.

María de la Paz Elizalde se define como una persona interesada no solo por la ciencia o su trabajo, también por lo que pasa en su país. Una de sus mayores preocupaciones, comenta, es la deficiente preparación con que ingresan los estudiantes que inician una carrera universitaria. Eso le quita el sueño e incrementa los retos que enfrenta todos los días en el salón de clases, porque parte de su compromiso es también la formación de científicos jóvenes.

La entrevista ha terminado y la doctora no deja fuera de la foto a sus estudiantes, prefiere que la conozcan así, rodeada de quienes comparten con ella su fascinación por la ciencia.

Fuente: CONACYT.

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