El doctor Alexandre Olmos, médico internista en la isla de Mallorca, en España, y experto pionero en medicina epigenética, señala que los últimos descubrimientos sobre nuestro ADN ofrecen herramientas beneficiosas para aplicarlas en nuestro día a día.

Olmos explica que distintos factores externos como el estrés, la alimentación, la calidad del sueño, el ejercicio, la exposición a tóxicos o incluso nuestras emociones y relaciones, son capaces de reprogramar nuestra biología, influir en nuestros niveles de energía y dejar huella en la salud de nuestros hijos o nietos.
Son hechos demostrados por la epigenética, una nueva ciencia que ha revolucionado la biología y que “nos dice” que, aunque heredemos un conjunto de genes, no somos prisioneros de ellos, porque podemos influir en la forma en que nuestros genes se activan o se desactivan efectuando cambios en nuestro estilo de vida, explica el especialista.
La forma en que los alimentamos, descansamos, nos exponemos a los agentes ambientales nocivos y manejamos nuestra tensión nerviosa y nuestros sentimientos, influyen en nuestros genes y en nuestra salud y, lo que resulta más asombroso, también en la de nuestros descendientes, según recalca.
Pequeños cambios cada día
“Está en nuestras manos aprovechar esa posibilidad de reescribir nuestra historia genética haciendo pequeños cambios en nuestro día a día”, señala el doctor, que en su libro “Activa tus genes” propone un plan que integra rutinas para “mejorar nuestro bienestar, cambiar el rumbo de nuestra salud y anticiparnos a la enfermedad”.
Olmos explica que “durante décadas, la idea de que nacemos con un ‘destino genético’ grabado en piedra que no podía cambiarse predominaba tanto en el ambiente científico como en la vida cotidiana”.
“Nuestros genes eran vistos como un código inmutable que definía quiénes éramos y quiénes llegaríamos a ser, sin posibilidad de alterarlo”, dice.
Sin embargo, “los últimos avances científicos relacionados con la investigación epigenética nos han demostrado que esta visión era demasiado limitada y que no se corresponde totalmente con la realidad”, explica.
Por ejemplo, “los alimentos que elegimos consumir cada día poseen la capacidad de modificar la expresión de los genes responsables del envejecimiento, la inflamación, la reparación celular y la longevidad, mientras que la actividad física que realizamos (ejercicio y movimiento consciente) también puede modificar la forma en que se expresan nuestros genes, y fortalecer a nuestro organismo desde su núcleo celular”, asevera.
La medicina epigenética
“La epigenética no es un concepto abstracto reservado para los laboratorios, sino una realidad que nos afecta en cada aspecto de nuestra vida, y una ciencia que ofrece herramientas aplicables en el día a día para poder disfrutar de un envejecimiento saludable y con el menor riesgo posible de sufrir enfermedades, y mejorar el código genético que heredarán nuestros hijos y nietos”, subraya.
“Nuestro cuerpo es una máquina extraordinaria, diseñada para repararse y adaptarse si le damos las herramientas adecuadas. No se trata de buscar la perfección ni de cambiarlo todo de golpe, sino de adoptar pequeños hábitos diarios a favor de nuestra salud”, enfatiza.
“La salud no es una línea recta, sino un equilibrio dinámico. Un pequeño desvío no te aleja de tu objetivo, si sabes volver sin culpa”, señala el doctor Olmos, que a continuación propone una serie de ‘boosters’ (potenciadores o estimuladores): prácticas sencillas con una influencia epigenética positiva, que podemos aplicar a diario y que favorecen nuestra salud a largo plazo.
Menos estrés, más descanso
“Practica la exposición matutina al sol combinada con respiración nasal lenta durante 10 minutos”, aconseja. Este médico explica que “esta sincronización luz-respiración activa el eje circadiano-autonómico y regula la expresión de genes relacionados con el cortisol, la inflamación y la resiliencia emocional, convirtiéndose en una forma natural de reequilibrar el sistema nervioso”.
“Cuando se vaya la luz natural en casa, sustituye toda iluminación por luz roja o ámbar (con espectros de luz alrededor de 630-660 nm)”, aconseja Olmos.
“Este tipo de luz, libre de radiación azul, favorece la liberación de melatonina y la expresión de genes reloj como CLOCK y PER2, regulando los ritmos circadianos y facilitando un sueño profundo y reparador”, puntualiza.
Olmos aconseja incluir ayunos circadianos de 14 horas, cenando temprano y respetando el descanso digestivo nocturno. “Este hábito estimula genes de autofagia (proceso en el que las células desmantelan y reciclan componentes dañados o viejos), reduce la inflamación y mejora la sensibilidad a la insulina (proceso que controla los niveles de azúcar en la sangre)”, explica, aclarando que “no es una dieta, sino una reeducación metabólica que ‘despierta’ nuestra biología ancestral”.
Optimizar la actividad física
“Incorpora a tu rutina entrenamientos intermitentes que puedas practicar en la naturaleza. Por ejemplo, combina caminatas o ‘sprints’ cortos descalzo sobre tierra o arena, con lo cual activarás receptores sensoriales y mitocondriales”, sugiere.
Explica que “este contacto con el entorno natural modula genes de estrés oxidativo (desequilibrio que daña las células), mejora la oxigenación y potencia la `memoria evolutiva´ (historia de los cambios adaptativos grabada en nuestros genes) de movimiento”.
Fuente: Agencia ID.

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